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3 Misterio Luminoso - El anuncio del Reino de Dios llamando a la conversión. (Mc 1, 15, 21; 2,3-11) Jesucristo comenzó a anunciar la llegada del Reino de Dios después que Juan predicara en el desierto, de que fuera bautizado en el Jordán por Juan el Bautista y fuera tentado por el demonio en el desierto.
El evangelista Marcos nos muestra claramente como Juan Bautista no hablaba de él mismo, sino del que venía de tras de él. Juan nos advierte que el pueblo ha tenido unas leyes e instituciones que no lo han fecundado, que no lo han dejado preñado, y que él no es el esposo que esta viuda, la sociedad infecunda de aquella época, sino que el que viene, Jesús de Nazaret. El es el verdadero esposo que nos viene a fecundar con espíritu, al igual que se fecundo la Virgen María. He aquí el simbolismo típico de Marcos. El que viene realmente es el esposo que te va a hacer fecundo, que de dará el Espíritu, que te permitirá cruzar el desierto de tu vida. Juan invita a preparar el camino. Y el es el que prepara el camino para que el Hijo de Dios sea el que predique que el Reino de Dios y que ha llegado con él. Esta llegada, como ha dicho Juan en el bautismo, como decimos en el miércoles de ceniza, conlleva una llamada, un clamor, una máxima: “Convertíos y creed en el Evangelio”. Convertirnos para asemejarnos al esposo que viene a fecundarnos con el Espíritu. Convertirnos para ser imágenes vivas del Hijo. Convertirnos para poder ser llamados hijos en el Hijo. Convertirnos para que el Reino de Dios habite en nuestras vidas de forma plena. El anuncio no es algo que se dice una vez y ahí queda. No es así. Es un anuncio continuo que todo cristiano ha de hacer realidad y vida cada día de su vida. Y en cada momento en el que estemos en este peregrinar por esta tierra, para que el Reino de Dios llegue a instaurarse en nuestras vidas de forma plena.
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