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2º Misterio Luminoso: La autorrevelación de Jesús en las bodas de Caná En este primer milagro de Jesús, en el que “manifestó su gloria y creyeron en Él sus discípulos” (Jn. 2, 11), es vital la intervención de Nuestra Señora. Cabe destacar: 
SU ATENCIÓN ANTE LA PROBLEMÁTICA QUE SE LES HA PRESENRADO A LOS NOVIOS: “No tenían vino, porque el vino de la boda se había acabado”. (Jn. 2, 3). María, en Caná de Galilea como hoy, se adelanta a nuestras necesidades, percibe aquello que precisamos antes de que nos demos cuenta de ello. Los novios no sabían que el vino escaseaba, que se estaba terminando, como en la actualidad nosotros, demasiado ocupados en la apariencia exterior, no vemos la ausencia en nuestro interior del color, el sabor y el olor de Dios. En su maternal amor, la Virgen, siempre pronta a ampararnos, ruega e intercede insistentemente por todos y cada uno de sus hijos. LA SIERVA DEL SEÑOR SOLICITA LA AYUDA DE SU DIVINO HIJO. “NO TIENEN VINO”. Jesús había empezado el trato con sus discípulos, observaba amorosamente a aquellos que en breve le seguirían, pero no quería precipitar su manifestación. Responde a la petición de María con una frase aparentemente despectiva: “Mujer (la está diciendo que es la nueva Eva, la que será Madre del nuevo Pueblo de Dios), ¿qué nos va a mí y a ti? No es aun llegada mi hora” (Jn.2, 4). María, sabiendo que su Hijo no le niega ni negará nunca nada, adelanta el tiempo de su autorrevelación. NUESTRA SEÑORA DICE A LOS SERVIDORES, Y NOS DICE A LOS QUE DEBEMOS HACER DE NUESTRAS VIDAS UN CONTINIO SERVICIO, “HACED LO QUE ÉL OS DIGA” (Jn. 2, 5). Cabe preguntarnos, ¿qué nos dice su Hijo? La respuesta viene a continuación: vivir el Evangelio. Las palabras con las que la Virgen nos invita a seguir a Jesús, se encuentran en el capítulo dos del Evangelio de San Juan, al principio del mismo, para que practicándolo con fidelidad guardemos la palabra que Dios nos ha dado, aunque con ello seamos aborrecidos por el mundo (Jn. 17, 14), sabedores de que el Señor no pide al Padre que nos saque del mundo sino que nos libre del mal y seamos santificados en la verdad: la palabra de Dios (Jn. 17, 14-18). María nos dice haced, que quiere decir poner en práctica. No seamos inodoros, insípidos e incoloros, sino imagen viva del color, el sabor y el olor de Dios.
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