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Queridos diocesanos: Acaba de comenzar el mes de octubre, conocido como el Mes del Rosario. En él se celebra, en el día 7, la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario o Fiesta del Rosario, que, con el fin de ofrecer una oportunidad de participar en ella a todo el pueblo cristiano, se traslada a este primer domingo de octubre. 
Todas estas circunstancias y la permanente necesidad de cultivarnos en la oración me llevan a invitaros a todos a renovar nuestra estima y fortalecer nuestra práctica de rezar el Rosario, sobre todo durante este mes de octubre y, como sería de desear y muchas personas devotas hacen, todos los días.
El Rosario es una oración que no pasa de moda, porque se compone de elementos que pertenecen al núcleo de nuestra fe y de la vida de la Iglesia desde sus orígenes, aunque la ordenación de los mismos, hasta su forma actual, susceptible de cambios y adaptaciones, se haya realizado a lo largo de la historia. La última, la realizada por el Papa Juan Pablo II, al añadir los cinco Misterios de Luz a los de Gozo, Dolor y Gloria
Las oraciones del Padrenuestro, del Avemaría, del Gloria al Padre…, la consideración y contemplación de los principales misterios de Cristo y de la Santísima Virgen, las mismas Letanías, etc. son, en buena parte, palabra de Dios en el Nuevo Testamento, formas de oración de los cristianos de todos los tiempos, bendecidas por la palabra y por la práctica de los santos, de los Papas y de los fieles cristianos de toda clase y condición.
“Contemplar con María el rostro de Cristo”, como calificaba el Papa Juan Pablo II el Rosario, es, sin duda, una preciosa y eficaz forma de orar. Tener sus misterios ante la vista, mientras pronunciamos las palabras de la oración que nos enseñó el Señor o las del Avemaría, nos ayuda, como dice el Papa Benedicto XVI, “ a vivir manteniendo fija en Él la mirada del corazón para irradiar sobre todos y sobre todo su amor misericordioso.”
El rezo del Rosario nos ayuda, además, a ser realistas, contemplando nuestra propia vida en los misterios del Cristo y de María como en un espejo y a aceptarla y orientarla con los criterios y actitudes del Señor y de su Santa Madre, tal como aparecen en los acontecimientos de su vida, marcados por el gozo, el dolor, la luz o la gloria.
La facilidad del rezo del Rosario hace que sea una práctica de oración adecuada para cualquier circunstancia. Se puede rezar individualmente, en grupo, en casa, en el campo, en el templo. Vale para las grandes solemnidades y para momentos de la vida ordinaria; para orar por uno mismo y por los demás, vivos o difuntos, en celebraciones presididas por el sacerdote y en ausencia del mismo…
Os exhorto a todos los diocesanos a que valoréis este regalo de la oración del Santo Rosario, la practiquéis, a poder ser, diariamente y la fomentéis en vuestras familias, grupos, comunidades y parroquias. Que tengáis presentes las intenciones del Romano Pontífice y las de vuestro Obispo, tal como se reflejan en el establecimiento por parte del Papa del Año Santo Sacerdotal y en nuestro Plan Pastoral Diocesano, como son, entre otras, la santidad de los sacerdotes, el aumento de las vocaciones, la mejora de los Sacramentos de la Iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Primera Eucaristía, las Misiones, los jóvenes, los ancianos, los niños, el matrimonio y la familia, el respeto a la vida humana, la paz, la atención y servicio generosos a los enfermos, a los parados y necesitados en esta situación de crisis…
Os saluda y bendice vuestro Obispo
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