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Benedicto XVI subraya la importancia de mantener el patrimonio espiritual heredado, para responder a las exigencias de los tiempos Domingo, 27 sep (RV).- Durante su alocución previa al rezo mariano del Ángelus, Benedicto XVI ha expresado su felicidad por encontrarse en una tierra rica de grandes tradiciones cristianas como Moravia, “región –ha dicho- fraternalmente unida a bohemia, tierra marcada por muchos siglos de fe cristiana”.
En este sentido ha invitado a custodiar este patrimonio espiritual: “Que María mantenga encendida la fe de todos vosotros, la fe alimentada también por numerosas tradiciones populares que hunden sus raíces en el pasado, pero que justamente tenéis el cuidado de conservar para que nunca falte el calor de la convivencia familiar en los pequeños pueblos y en las ciudades”.
Benedicto XVI ha señalado refiriéndose a estas tradiciones, que a veces se constata, con cierta nostalgia, que el ritmo de la vida moderna tiende a cancelar algunas huellas de un pasado rico de fe. “Es importante, sin embargo, no perder de vista el ideal que las costumbres tradicionales expresaban, y sobre todo –ha dicho el Papa- se debe mantener el patrimonio espiritual heredado de vuestros antepasados, para custodiarlo y, aún más, hacer que responda a las exigencias de los tiempos presentes”.
Por último el Santo Padre ha querido evocar las precedentes visitas realizadas por su predecesor, el Siervo de Dios Juan Pablo II. Recordando que hace veinte años decidió visitar Europa central y oriental después de la caída del totalitarismo comunista. “Quisiera retomar idealmente la enseñanza de este mi venerado Predecesor –ha concluído- e invitaros a manteneros fieles a vuestra vocación cristiana y al Evangelio para construir juntos un porvenir de solidaridad y de paz”.
Y tras el rezo mariano del Ángelus y el responso por los fieles difuntos, el Santo Padre ha saludado a todos los presentes en eslovaco, polaco, alemán y por último en checo. El Papa les ha expresando una vez más su felicidad por esta visita y ha recordado que la experiencia de Cristo no nos deja solos, por lo que ha invitado a vivir con felicidad “día a día nuestra fe y esperanza, colaborando a construir una sociedad fundada en los valores del bien, de la justicia y de la fraternidad”.
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