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Benedicto XVI pide el compromiso de los religiosos para reforzar los valores espirituales y morales de una sociedad atraída por el consumismo hedonista Sábado, 26 sep (RV).- Las duras pruebas que ha atravesado la reciente historia de la Iglesia checa y los desafíos que debe afrontar en una sociedad secularizada y a la deriva por el difundido relativismo ético y cultural fueron los puntos que centraron la homilía de Benedicto XVI, esta tarde, en la celebración de las Vísperas, en la Catedral de San Vito de Praga.
El Pontífice llegó a este antiguo templo donde se venera al santo martirizado por el emperador romano Diocleciano para reunirse con los más de dos mil quinientos, obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y representantes de los movimientos laicales de esta nación. Enmarcando en la belleza de ese templo milenario la tradición cristiana de la república Checa, el Papa recordó la historia de fidelidad y adhesión a Cristo, incluso con el martirio, de las figuras de los santos Wenceslao, Adalberto y Juan Nepomuceno, piedras angulares del camino de esta Iglesia. Pero también recordó las vicisitudes dos cardenales Josef Beran y František Tomášek, que en el siglo pasado resistieron con heroica firmeza a la persecución comunista, llegando incluso al sacrificio de la vida. “El heroísmo de los testigos de la fe recuerda que sólo del conocimiento personal y del lazo profundo con Cristo es posible extraer la energía espiritual para realizar en plenitud la vocación cristiana. Sólo el amor de Cristo hace eficaz la acción apostólica, sobretodo en los momentos de la dificultad y la prueba. Amar a Cristo y a los hermanos debe ser la característica de todo bautizado y de toda comunidad”. Benedicto XVI al alentar a las comunidades cristianas a hacer resplandecer la luz de Cristo no dejó de reconocer los sufrimientos causados por el “largo invierno de la dictadura comunista”, y que hace sólo 20 años comenzaron a expresarse libremente. “La sociedad lleva aún las heridas causadas por la ideología atea y con frecuencia es atraída por la moderna mentalidad del consumismo hedonista, con una peligrosa crisis de valores humanos y religiosos y la deriva por un difundido relativismo ético y cultural. En este contexto se hace urgente un renovado compromiso por parte de todos los componentes eclesiásticos para reforzar los valores espirituales y morales en la vida de la sociedad actual”. Al reconocer los esfuerzos de la iglesia en distintos ámbitos, en especial, a través de la Caritas, el Santo Padre invitó a comprometerse en particular en el campo de la educación de las nuevas generaciones, que las escuelas católicas promuevan el respeto del hombre y se dediquen con atención a la pastoral juvenil también fuera del ámbito escolar, sin descuidar las otras categorías de fieles. Y en este contexto el Papa reiteró: “La Iglesia – siempre es útil repetirlo – no demanda privilegios, sino sólo el poder obrar libremente al servicio de todos y con espíritu evangélico”. El Pontífice se dirigió a los obispos y sacerdotes en particular exhortándolos a trabajar incansablemente para el bien de cuantos son confiados a su cuidado, e inspirados en el Buen Pastor, “ayuden a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a dejarse fascinar de Dios y del Evangelio de su Hijo”. Y recordando el Año Sacerdotal que estamos celebrando los invitó a seguir el ejemplo del Santo Cura de Ars, “Pastor totalmente dedicado a Dios y a las almas, plenamente consciente de que su propio ministerio, era su camino de santificación.
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