|
Heraldo y enamorado de Jesucristo: apóstol de la gracia, de la cruz y de la gloria. Pablo: Compañero de tareas evangelizadoras y amigo. Toda tu vida la hipotecaste por Cristo. Fuiste un enamorado de Cristo que pudiste afirmar que, ya no eras tú el que vivías, sino que era Cristo quien vivía en ti:
Viviste el uno para el otro: Cristo para ti y tú para Cristo. ¿Qué gran modelo de compenetración! Si la iniciativa de tu vocación la tuvo el Señor, tu supiste responder con generosidad total. Tuviste una llamada para un encuentro radical que cambió tu vida, a una entrega y a una misión sin fronteras. También nosotros, hombres del siglo XXI, hemos sido amados, elegidos y llamados para contagiar a todos los hombres de esta misma elección y amor. Esta vocación al apostolado es una invitación a compartir la vida y la muerte de Cristo para compartir también con él su triunfo y glorificación. Enséñanos, Pablo, compañero de tareas evangelizadoras y amigo, a aprender a sufrir amando, en silencio, sin propagandas ni exigencias de reconocimiento. La vida apostólica es la mejor escuela para aprender a darnos como Cristo camino, verdad y vida. Enséñanos a predicar al crucificado viviente en nuestra historia. ¿Para qué serviría predicar otro mensaje que no fuera el de Cristo crucificado? Arriesgaste la vida por el Evangelio que se concreta en el mandamiento del amor. Viviste la locura de la Cruz que es la misma experiencia de Dios que es amor. Fue Cristo crucificado, no otro, el que conquistó tu corazón enamorado que muere dando la vida en plenitud y que ya no se podrá olvidar jamás. La cruz es la luz verde de nuestra vida que abre el camino y el significado del sacrificio: Sufrir amando, darse a Dios y a los hermanos. Que nuestra vida apostólica esté injertada en la vida de Cristo, Sólo en Cristo crucificado viviremos de forma coherentes. Es nuestra identidad de apóstoles que no admite dudas estériles y enfermizas. Cristo, es la esencia de la ciencia de nuestro corazón. Desde la debilidad y flaqueza de nuestra vida nace la humildad, la comprensión, la confianza y la generosidad. Que nuestra vida de apóstoles sea un vivir para morir con Cristo. Amén.
|