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Pablo: Compañero de tareas evangelizadoras y amigo. Nunca imaginaste este modo original de encontrarte con Cristo. -- “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? -- Quien eres Señor?... contestaste con extrañeza. -- Yo soy Jesús, a quien tu persigues”. Cristo, el Señor 
verdaderamente había resucitado y vivía en el corazón de los creyentes. El Resucitado te llamó, y descubriste que toda tu vida desde el seno de tu madre, había sido todo un mosaico de la misericordia de Dios nuestro Padre. Y decidiste amar de corazón. Quisiste ser el amor en el corazón de la Iglesia peregrina. Por eso tu respuesta al amor de Dios se traducirá en solicitud por todas las Iglesias e hiciste de tu vida una oblación generosa para anunciar a Cristo a todas las gentes. Pablo: Apóstol y amigo enséñanos a descubrir que toda vocación apostólica es un regalo de Dios, un don que se recibe, se agradece, y se vive tal como es, sin rebajas en el corazón y sin fronteras en la acción. Para aceptar este regalo, para responder “hágase en mí según tu proyecto” enséñanos a buscar tiempos de desierto, momentos de contemplación, horas de silencio para asumir que Cristo llena toda nuestra vida y nos lanza a una misión sin fronteras. Tu vida, Pablo apóstol de Cristo, como llamada por el Resucitado para el anuncio del Evangelio ya no te pertenece, es de Cristo. Cristo te amo y se entregó por ti. Toda tu vida fue un complemento a la de Cristo: “Estoy contigo”, escuchaste de los labios del Señor. Hay que aventurarse para ser anunciador del Evangelio. Que nuestra vida, Pablo apóstol y amigo, como tu vida, sea una contante aventura siempre nueva, que se estrena cada día. En Cristo se encuentra el sentido al vaciamiento de una vida entregada. Que nosotros, como nuevos apóstoles de Cristo también encontremos en nuestra historia el nuevo y original camino de Damasco. “Sólo el Señor basta”, nos dices a los nuevos apóstoles. Cristo es la única recompensa que vale la pena. ¡Gracias por este regalo del apostolado que nos has dado! La vida del nuevo apóstol es la prenda permanente del amor esponsal de Cristo a cada persona y cada comunidad eclesial. ¡Gracias por haber respondido con generosidad a la llamada! Que aprendamos de ti, Pablo, apóstol de Cristo y amigo nuestro. Amén.
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