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El cardenal Martínez Sistach critica los "dispendios descomunales" en algunos contratos deportivos Imprimir E-Mail
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Escrito por Ecclesia Digital   
domingo, 14 de junio de 2009

El arzobispo de Barcelona se ha referido a este hecho en la homilía de la fiesta del Corpus Christi

         En la homilía de la fiesta del Corpus Christi, el cardenal Lluís Martínez Sistach ha pedido a todos "solidaridad y austeridad", en sintonía con los que padecen más fuertemente las consecuencias de la actual crisis económica". "Resulta incomprensible -ha añadido el cardenal- que en la actual situación de nuestro país se hagan dispendios descomunales, como en el caso de contratos deportivos"

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         "Esta crisis económica que es también crisis de valores -ha añadido el cardenal- nos pide crecer en valorar más el ser que el tener, en dominar el instinto desmesurado de ganancia y de posesión, en entender y respetar la finalidad universal de los bienes de la creación y el sentido social de la propiedad privada, en aceptar con todas sus consecuencias que la persona humana en su realización individual y social es el centro de la sociedad y que el trabajo está a su servicio y no viceversa".

         El cardenal se ha referido al "alejamiento cada vez más radical de la fe i de la antropología cristiana. Baste pensar en la reforma de ciertas leyes, como el actual proyecto de ley del aborto. Hemos de asumir plenamente que nuestra situación es de misión".

         La celebración de la eucaristía al exterior de la catedral ha tenido también el sentido de una acción de gracias a Dios por los frutos del Plan Pastoral Diocesano 2006-2009, que se concluye con este curso, y de inicio de los trabajos de aplicación del nuevo Plan Pastoral del arzobispado de Barcelona, que presentó el mismo cardenal de Barcelona ante un millar de diocesanos el pasado 6 de junio. Este nuevo Plan tendrá también una duración trienal y como marco general parte de la aceptación de que nuestra sociedad vive un alejamiento de la vida cristiana, y propone trabajar en especial en la realización de estos tres objetivos: 1. Conocer, celebrar y vivir la Palabra de Dios; 2. Crecer en la solidaridad en medio de la crisis económica; y 3. participar los inmigrantes en las comunidades cristianas.

Barcelona, 14 de junio de 2009.

 

Texto íntegro de la homilía en su versión en castellano

 

Homilía del Dr. Lluís Martínez Sistach, Cardenal Arzobispo de Barcelona, en la celebración del Corpus Christi

Catedral de Barcelona, 14 de junio de 2009

 

Con gozo nos hemos reunido para celebrar la solemnidad del Corpus Christi, para dar gracias a Dios por la institución de la Eucaristía y por el trabajo realizado en toda la archidiócesis en la aplicación del Plan Pastoral durante este trienio 2006-2009. Por ello somos muchos los que nos hemos podido reunir aquí, y todos nosotros representamos a una multitud de cristianos y cristianas que están dando gracias a Dios por estos mismos motivos en todas las comunidades de nuestra Iglesia diocesana.

 

Hemos hecho visible la participación de todos los arciprestazgos y de los organismos funcionales que configuran nuestra archidiócesis, esta estimada porción del pueblo de Dios que escucha y proclama la Palabra de Dios, celebra la Eucaristía y da testimonio del amor hacia los hermanos, en especial a los pobres y necesitados.

 

El Evangelio que hemos escuchado nos ha hablado de la celebración de la Cena Pascual de Jesús y sus Apóstoles, y de la institución de la Eucaristía en el Cenáculo de Jerusalén. Instituyendo la Eucaristía y el Sacerdocio ministerial, Jesús manifiesta su inmenso amor a toda la humanidad, entregando su Cuerpo y su Sangre de una manera incruenta en aquella Santa Cena, y de manera cruenta en el Calvario el viernes santo. Al instituir el sacramento de la Eucaristía, Jesús anticipa e implica su sacrificio de la cruz y la victoria de la resurrección. Como nos dice Benedicto XVI, “la institución de la Eucaristía muestra cómo aquella muerte, violenta y absurda en ella misma, se ha transformado en Jesús en un acto supremo de amor y de liberación definitiva del mal para la humanidad” (Sacramento de la caridad, 10).

 

La Eucaristía es constitutiva del ser y del actuar de la Iglesia. Por eso, los antiguos cristianos designaron con las mismas palabras Corpus Christi el Cuerpo nacido de la Virgen María, el Cuerpo eucarístico y el Cuerpo eclesial de Cristo. Este dato, muy presente en la tradición, ayuda  aumentar en nosotros la conciencia de que no podemos a Cristo de la Iglesia. Por eso damos hoy gracias a Dios por la institución de la Eucaristía, por la celebración dominical de la Misa y también por la Iglesia que todos nosotros  formamos y que el Señor Jesús nos ha elegido para que demos fruto.

 

“Enviados para dar fruto” ha sido el lema del Plan Pastoral diocesano del trienio que acaba con este curso. Con esta Eucaristía, acción de gracias por antonomasia, queremos agradecer al Señor que haya confiado en nosotros, nos haya elegido y nos haya enviado a dar frutos también con la aplicación de los tres objetivos pastorales prioritarios del Plan mencionado: la transmisión de la fe a los jóvenes y su participación en la comunidad cristiana, la atención pastoral a los matrimonios y familias, y la Eucaristía dominical, fuente y cima de la vida cristiana.

 

El sábado 6 de este mes, un millar de diocesanos hicimos una valoración del trabajo realizado en la aplicación del Plan Pastoral y podemos decir que en todas partes se ha trabajado y que ha ayudado a crecer en la conciencia que todos formamos una Iglesia diocesana que ha de ayudarnos a vivir la fe, la esperanza y la caridad, y ha de ir y ha de anunciar constantemente la salvación de Nuestro Señor Jesucristo. Los objetivos y las acciones pastorales han querido ayudarnos para que todos nosotros como miembros de la nueva y eterna alianza sellada con la Sangre de Cristo en el Calvario, vayamos diciendo y practicando lo que dijeron los israelitas en tiempos de Moisés: “Haremos todo lo que manda el Señor y le obedeceremos”. Para lograrlo los cristianos hacemos lo que allá en el Cenáculo nos dijo que hiciéramos en memoria suya, esto es, la Eucaristía, y encontremos así el alimento y la fuerza para hacer siempre lo que Él nos dice, ya que la Eucaristía es fuente y cima de la vida cristiana.

 

La fiesta de Corpus Christi es la fiesta de dos amores: el amor a Jesucristo, realmente presente en el sacramento de la Eucaristía, y el amor a los hermanos, que somos como otro Cristo. Estas dos dimensiones de esta fiesta, centrada en la celebración de la Eucaristía y en la posterior procesión con el Santísimo, son inseparables. El Concilio Provincial tarraconense nos exhorta a reavivar la tradición, vivida intensamente desde los primeros siglos, de vincular visiblemente la celebración de la Eucaristía con la caridad fraterna, insistiendo de manera particular en la unión entre la fracción del pan –como ya la designaban los primeror cristianos - con la comunicación cristiana de bienes (cf. Resolución 77,a).

 

Por eso tiene pleno sentido unir la fiesta de Corpus Christi con el Día de la Caridad. Jesús quiso que la ofrenda de su vida al Padre por amor a los hermanos se perpetuara sacramentalmente instituyendo la Eucaristía. Por eso, en la Eucaristía se halla la fuente y el origen de la caridad cristiana. Así, el Concilio Vaticano II pudo afirmar que “para que la celebración de la Eucaristía sea auténtica y plena, ha de conducir a las diversas obras de caridad y de ayuda mutuas” (Sacrosanctum concilium, 10).

 

La grave crisis económica que sufrimos pide que vivamos la Eucaristía acentuando nuestra caridad y solidaridad. Ha aumentado mucho el número de personas que acuden a las parroquias y a Cáritas solicitando ayuda. Hemos descubierto los nuevos rostros de la pobreza. Es toda la comunidad cristiana la que está llamada a ser solidaria con los que sufren más las consecuencias de la crisis económica y a tomar postura ante la crisis en cuanto toca aspectos de la vida personal y social relacionados con los valores más importantes, tanto materiales como espirituales. Como cristianos tenemos que ofrecer elementos de solución de la crisis económica que nos ofrece la Palabra de Dios y la doctrina social de la Iglesia. La solidaridad pide compartir los bienes, pocos o muchos, con los que pasan necesidad y poner nuestra persona, nuestro tiempo y nuestras capacidades al servicio de los demás.

 

Esta grave crisis no es sólo una cuestión financiera y económica. En el fondo están en juego algunos valores morales. Nos pide crecer en valorar más el ser que el tener, dominar el instinto desmesurado de ganancia y de posesión, entender y respetar la finalidad universal  de los bienes de la creación y el sentido social de la propiedad privada, aceptar con todas sus consecuencias que la persona humana en su realización individual y social es el centro de la sociedad y que el trabajo está a su servicio y no viceversa.

 

Por ello, junto con la solidaridad hemos de vivir la austeridad en el uso de los bienes, en sintonía con los que la viven constantemente y como ascética que ayude a encontrar soluciones a la actual crisis económica. Resulta incomprensible que ante la realidad dolorosa de la crisis económica, se hagan dispendios descomunales, como en el caso de contratos deportivos.

 

Tenemos diseñado un nuevo Plan Pastoral diocesano trienal 2009-2012 que incluye tres objetivos: conocer, celebrar y vivir la Palabra de Dios; crecer en la solidaridad en medio de la crisis económica; y participar los inmigrantes en la comunidad cristiana. Este Plan Pastoral lo hemos titulado “Anunciad  a todos el Evangelio”. Queremos trabajar más y más por una pastoral diocesana misionera y evangelizadora. Los obispos de Cataluña, en un reciente documento, hemos dicho que nuestra sociedad se va situando globalmente fuera de la vida de la Iglesia y, también, en formas y grados diversos, de la fe de Jesucristo. Estamos ante un alejamiento cada vez más radical de la fe y de la antropología cristiana. Tan sólo hemos de pensar en la reforma de algunas leyes, como el actual proyecto de ley de aborto. Hemos de asumir plenamente que nuestra situación es de misión. Por ello nos urge salir y anunciar Jesucristo a todos. Hacerlo es una manifestación de nuestro amor a los hermanos, ofreciéndoles lo mejor que tenemos: nuestra fe en Jesucristo.

 

+Lluís Martínez Sistach

Cardenal Arzobispo de Barcelona

 

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