CARTA AL PADRE PÍO DE PIETRELCINA EN EL 40 ANIVERSARIO DE SU MUERTE
Escrito por Jesús de las Heras Muela - Director de ECCLESIA
martes, 23 de septiembre de 2008
“Alzaré con fuerza mi voz y no desistiré”
Querido
Padre Pío, queridísimo Padre Pío:
Permíteme
que también yo, como tantos cientos y miles de personas hicieron durante tu
vida y siguen haciendo durante tu muerte y tu pascua, te escriba una carta. Ya
sabes que hasta quien después sería el Papa Juan Pablo II te escribió en varias
ocasiones.
Cuando
aparecías en público, los fieles se arremolinaban en tu derredor para hacerte
llegar sus cartas, que inundaban también las oficinas de correos. ¡Qué habría
sido hoy con las nuevas tecnologías!... Y tú las recogías, con el amor y la
rudeza habituales, y las guardabas junto a tus llagas. ¡Qué mejor lugar para
que la gracia de Dios las rociara y las bendijera! Recibe también hoy mi carta.
Guárdala a la vera de tus llagas florecidas y resucitadas. Y reza por mí, por
mis intenciones y necesidades, por mi vida y ministerio. Que ya sabes por lo
que pido y lo que necesito.
Hoy
hace cuarenta años de tu muerte, de tu pascua. Apenas unas horas antes de que
la hermana muerte llamará a tu puerta y a tu anciano, enfermo y crucificado
cuerpo, la Pascua ya se había verificado en ti. Las llagas, que habían sido tu
cruz y tu gloria, habían desaparecido misteriosamente, milagrosamente, de la
misma manera misteriosa y milagrosa que llegaron de modo visible cincuenta años
antes. Tu última misa había sido ya tu misa definitiva, tu Eucaristía eterna y
pascual. Por cierto, ¡cuánto me hubiera gustado poder asistir a alguna de tus
misas del alba, de tus largas, doloridas y gozosas Eucaristías!
Gracia, pura y gratuita gracia
En la
vigilia de tu fiesta litúrgica, en la vigilia de hoy, he estado releyendo y
revisando la documentación que tengo sobre ti. Y, ¿sabes?, la pregunta es
siempre la misma: ¿cómo y por qué viniste hasta mí? Nos separan años,
kilómetros, entornos culturales y sociales, en España apenas eres conocido…. ¿Cómo
y por qué viniste hasta mí, querido Padre Pío? ¿Cuál es el porqué de mi “perra”
hacia ti, querido Padre Pío? Y siempre que me lo pregunto, como ahora, como en
la vigilia de tu fiesta litúrgica, la respuesta es siempre la misma: la gracia,
pura gracia, la Providencia. Sí, no hay otra explicación: la gracia de Dios lo
ha querido, has sido y eres para mí gracia de Dios, un regalo del Altísimo,
como lo eres para tantos miles y millones de personas, como lo eres para esa
multitud que, sin duda, se congrega estos días en San Giovanni Rotondo.
En una
de tus cartas –en tu texto quizás más preciado y más precioso, más sagrado-
escribes a tu director espiritual, el padre Benedicto de San Marco in Lamis, la
narración de la visita sobre tu cuerpo y tu alma de las llagas y los estigmas
del Señor. Fechas la carta el 22 de octubre de 1918, un mes después de que
acontecieran definitivamente los hechos. Cuentas cómo sucedieron las cosas y tu
perturbación. Las llagas habían herido tu pecho, tus manos y tus pies, sangraban
y supuraban. Pero además te habían sumido en la confusión y en el dolor. No
entendías lo que había pasado, lo que estaba pasando, lo que iba a pasar. Y
pedías al Señor que actuase, que, al menos, te quitara la confusión que
experimentabas ante aquellos signos externos.
“Alzaré fuerte mi voz a El
–escribías y orabas- y no cesaré de
conjurarle, para que por su misericordia retire de mi no el desagarro, no el
dolor –porque lo veo imposible y siento que El me quiere embriagar de dolor-,
sino estos signos externos que son para mí de una confusión y de una
humillación indescriptible e insostenible”.
Ni el dolor interior ni los signos externos de
la cruz de Cristo te abandonaron, querido Padre Pío, hasta la víspera de tu
pascua, hace ahora cuarenta años. Pero el Señor te escuchó e hizo de ti
aptísimo instrumento de su Providencia y de su amor, fecundísimo ministro del
perdón y de la conversión, testigo elocuente –hasta mudo, apartado, calumniado
y confinado- de que solo podemos gloriarnos de la cruz de Cristo.
Las gracias son para compartirlas
“Alzaré con fuerza mi voz y no desistiré”, escribías, sí. Y yo, desde que te conocí hace poco más de seis
años, siento también la necesidad de alzar con fuerza mi voz y de no desistir
en el empeño de ponerme a la vera de tus llagas y de comunicar a los cuatro
vientos quién eres y lo necesitados que estamos de contar con cristianos como
tú.
Te diré
al respecto una historia de hoy mismo, de ayer mismo. En la tarde de ayer al
acabar la Eucaristía que oficiaba en la comunidad de religiosas de la que soy
capellán, vino a saludarme una hermana “nueva”. Era una novicia de origen
japonés que va a permanecer tres meses en esta comunidad mientras completa su
noviciado en la preparación y en la espera de profesar los votos consagrados el
próximo 8 de diciembre. Nada más saludarla me acordé de que al día siguiente
–hoy- es tu memoria litúrgica y le dije: “Mañana es San Pío de Pietrelcina, un
santo de los grandísimos, religioso como tú. Mañana diré la misa por ti y te
encomendaré a él”.
Y así
lo he hecho esta mañana temprano, cuarenta años después de tu partida. He
ofrecido la misa por la joven novicia japonesa y te la he encomendado. Le he
dado una reliquia y estampa tuyas, algunos escritos míos sobre ti y un rosario,
recordándole tu amor por la Madonna, por tu amor por María. Y le he dicho:
”Hoy, no yo, sino el mismo Dios te hace un regalo maravilloso y extraordinario,
dándote, ofreciéndote un santo tan grande como el Padre Pío”.
Y es
que, querido Padre, queridísimo Padre, tú has sido y eres un inmenso regalo
para mí. Y los regalos nunca se merecen, pero conllevan una deuda: la deuda de
la gratitud. Y yo quisiera saldar esta deuda dándote a conocer y seguir más
cerca y con mayor radicalidad –a tu lado, tras tu estela- al único Dios y Señor.
Dios está aquí
Pero,
¿sabes?, tu camino es camino de cruz, y a todos nos da miedo la cruz. Sí, ya sé
que somos unos insensatos cuando actuamos así. Pero la humana fragilidad –lo
sabes bien- pesa y condiciona más de lo que quisiéramos. Por eso, querido Padre
Pío, ayúdanos a llevar la cruz, la propia, la de los nuestros y la de la entera
humanidad. Ayúdanosa que con los labios
y con el corazón –con toda nuestra vida- exclamemos y experimentemos: “Tu cruz
adoramos, Señor, y tu santa resurrección glorificamos. Por el madero ha venido
la alegría al mundo entero”.
“Oh Dios, que has otorgado a San Pío de Pietrelcina –rezamos en tu oración litúrgica- la gracia de participar de manera especial en la Pasión de tu Hijo,
concédenos por su intercesión conformarnos con la muerte de Cristo, para ser
participes de su resurrección”. Que esta sea también mi plegaria hoy y
siempre.
Gracias,
Padre Pío. Siempre llegas a mí como brisa suave y reconfortante, como viento
fresco y puro, como aroma delicado y embriagador, como oferta tan atrayente y
tan sugerente. Alzaré con fuerza mi voz, sí, y no desistiré: Dios está próximo
a nosotros mediante hombres como tú. Dios, a través tuyo, nos inunda con los
raudales de su gracia. Fue Dios quien escribió los renglones derechos y
torcidos de tu vida. Es Dios –el mismo Dios- quien llega cada vez que tú vienes
a mi vida, a la vida de los míos y de mis quehaceres y afanes, a la vida de
nuestra Iglesia y humanidad.
Guarda,
sí, esta carta, junto a tu costado. Apretújala entre tus manos. Hazla camino
entre tus pies. Déjala florecer –sí- junto a tus llagas glorificadas.
Preséntala en el ara del altar de tu Eucaristía eterna. E incrústala entre las
cuentas de tu Rosario sin fin. Amén. (JESÚS
DE LAS HERAS MUELA)
Estoy aquí, se que estas a mi lado, no se bien, ni como, ni porqué.. pero se que estás sobre todo porque te necesito.
Tú sabes mejor que yo... cúanto necesito, que cosas y de que modo.
Se que Jesus desea que aprenda algo de ti.... para ir de apoco aprendiendo mas y más.
Pero no veo con claridad exactamente que es, sólo siento el impulso de contactarme con otras personas que te sientan bien cerca como yo te estoy vivenciando ahora, quizas ellos tambien puedan responderme, ayudarme.
Padre Pio descubro en ti,la proximidad, tu amor que desea ayudar y reunir. Sabes que me siento sóla en mi fe, que mi modo de vivir a Jesus, es extremadamente solitario, que mi espiritualidad quizas es poco formal, poco dogmatica, que no separa religiones, ni pareceres, que todo es perfecto en el amor, si hay amor.. se que tú, Padre Pio me comprendes, y que es una de esas, la razon quizas.. que me acompañas como si estuviera en un lecho de enf...
Carmen
- Mi amor por el Padre Pio también en está carta
|88.26.140.xxx
|2009-09-23 11:39:43
Siento una gran admiración e inmenso amor a este Santo que desde niño tuvo un alma especial que el mal no consiguio para sí, a pesar de sus muchos intentos.¡Que ejemplo de ser humano!¡Que vida interior! ¡Que riqueza de años vividos!Cuanto amó a la Iglesia y cuanto respetó su jerarquia (tan necesario ese respeto hoy)¡Cuanto amó a Dios y cuanto le debió querer Dios! y todos estamos llamados a ese amor.
Su carta recoge muchos de mis sentires por el Santo Padre Pio, al que pido: que nunca me deje de su mano ,que a Dios le pida por mi y los mios, también por los que no son mios, y sobre todo le pido la fuerza y el coraje para defender, como el lo hizo, a Cristo y a su Iglesia.
Amo al Padre Pio desde siempre, de niña viví cerca de una Iglesia franciscana y el Padre Pio estaba presente en sus sacerdotes, quienes lo amaban. Hoy adulta lo sigo amando y encomendándole mis alegrías y mis dolores.
Hace una semana, tenia un gran problema, dificil de resolver, no estaba en mis manos lograrlo. Le escribí una carta contándole mis angustias, -si las recibía en vida milagrosamente, ahora en el cielo, deben llegarle mas facil- y Padre Pio resolvió todo, y todos quedamos agradecidos del resultado.
Gracias Padre Pio, gracias, continúa bendiciendonos siempre, que gran regalo es tu presencia !
[padre pio te siento tan cerca de mi corazon y aun asi me agobio por tonteras necesito escuchar tu voz que purifiques mi corazon y mi mente para que entres y me colmes de bendiciones pues soy debil y me consume el miedo a fracasar y no hacer lo correcto ahora tengo la responsabilidad de que mis alumnos reciban sus sacramentos evangelizar a sus padres y no me siento preparada ,tambien un hombre que que ama esta tan lejos y yo lo quiero cerca estoy tratando de saldar mis deudas y me siento como irritada angustiada y no quiero estar asi por eso te ruego mi amigo y mi padre amado que tengas en cuenta estas peticiones ordena mi vida y mi corazon con toda tu misericordia infinita amandote eternamente tu hija hellen
Querido padre Pio, espejo del amor del Señor, valiente hombre que supo obedecer al Señor, te escribo por que mi problema es fácil de resolver cuando tu lo pones en manos del Señor Jesús!,mi País necesita proteccción! querido Padre, es un país pobre y hay mucha gente necesitada, te pido que intercedas por nosotros, para que el Señor proteja nuestro país, nuestro suelos, nuestro ambiente,Gracias Padre Pio!
Me encanto el articulo! Sobre todo, ¡me siento tan identificado con tu experiencia! También entre tantas cosas que aún no llego a comprender del todo, me pregunto: cómo has llegado hasta mi Padre Pío, a proporcionar el auxilio de a fe a alguien que poco lo merecía, y que poquísimo creía en nada. Hoy por hoy es el alma que me guía, todas mis dudas las deposito en sus consejos. Gracias por el artículo, muy grato de leer!
Me encanto el articulo! Sobre todo, ¡me siento tan identificado con tu experiencia! También entre tantas cosas que aún no llego a comprender del todo, me pregunto: cómo has llegado hasta mi Padre Pío, a proporcionar el auxilio de a fe a alguien que poco lo merecía, y que poquísimo creía en nada. Hoy por hoy es el alma que me guía, todas mis dudas las deposito en sus consejos. Gracias por el artículo, muy grato de leer!
Querido Padre Pio:
No te conozco, como hubiese deseado hacerlo en forma personal, pero he visto cortos en pelicula de tu vida y he leido artículos sobre ella y siento que deseo comunicarme contigo, se que tupuedes interceder por mi; tengo un problema grande; que estoy segura tu conoces,quiero que esto ya no exista para que pueda ser un auténtica seguidora de mi Jesus y de Maria, he oido la voz de mi Madre Maria en que me ha dicho que no soy autentica, pues ella tiene razón y deseo de todo corazón serlo, solo mi Dios me puede ayudar y pensado mucho en tí Padre Pio, y en estos momentos en que me he acercado a mi Computadora, entrando en esta página (ecclesia.org) que me ha sido recomendada por Radio Maria, me encuentro con cartas dirigidas a Tí y pienso voy a escibirle a Padre Pio para que interceda por mi.
También tengo problemas en mi oficina, que me han vuelto impotente pues, siento que no puedo hacer nada al respecto por ...