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Espíritu Santo, ven Ven, Espíritu Santo, por eso, porque no hay consuelo como el tuyo, ni descanso que al tuyo se pueda comparar. Ven, porque eres el mejor de los huéspedes, el dulce huésped de nuestras almas. 
Tú, Espíritu Santo, nos ves y nos conoces. Tu sabes del paso de la Iglesia y del paso de cada uno de los que formamos la Iglesia. Tú sabes de nuestros cansancios y nuestras horas grises; Tú conoces nuestros corazones envejecidos y también nuestros corazones estériles. Eres testigo de nuestros lamentos y también de nuestros desconsuelos. Ven, y consuélanos. Ven y llénanos de paz y descanso a los que venimos cansados del trabajo y la lucha de cada día Ven y llénanos de alegría y consuelo a los que venimos cargados por la pena y la fatiga del trabajo de todas las horas y de todos los días. Ven, Espíritu Santo, y consuélanos. Sé tu nuestra honda y mejor compañía, nuestro compañero de la vida y del alma. Consuélanos y llénanos de gozo. Del gozo de estrenar todos los días y cada uno de nuestros trabajos; del gozo de sentirnos en tu Iglesia y trabajadores de tu viña; del gozo de vivir y sembrar la vida en nuestros hermanos. Amén
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