|
En la mañana del domingo 10 de mayo de 2009 Domingo, 10 may (RV).- El Santo Padre Benedicto XVI ha presidido esta mañana la Santa Misa en el Estadio de Ammán. En su homilía el Pontífice ha puesto de relieve el “carisma profético” de las mujeres y se ha dirigido en particular a la comunidad católica, animándola a mantener la presencia de la Iglesia en el tejido social de Tierra Santa. “La fidelidad a vuestras raíces cristianas, la fidelidad a la misión de la Iglesia en Tierra Santa, os pide un particular tipo de valor”, ha dicho el Papa, enumerando después el valor de la convicción, del compromiso y de la construcción de nuevos puentes.
El valor de una convicción “es un valor nacido a partir de una fe personal, no simplemente de una convención social o de una tradición familiar”, ha dicho el Papa. Sobre el valor del compromiso, el Pontífice ha destacado “el compromiso en el diálogo y en un trabajo mano a mano con los otros cristianos al servicio del Evangelio y en la solidaridad con los pobres, los desamparados y las víctimas de las tragedias humanas”. Por último, haciendo referencia al valor de construir nuevos puentes, Benedicto XVI ha destacado que estos sirven “para hacer posible un encuentro fecundo de personas de diferentes religiones y culturas y de este modo enriquecer el tejido social de la sociedad”. Todo esto significa, ha explicado acto seguido el Papa, “dar testimonio del amor que nos inspira a ‘sacrificar’ nuestra vida al servicio de los demás y de esta manera contrastar los modos de pensar que justifican ‘truncar’ vidas de inocentes”.
Y en este sentido el Papa, recordando las dificultades de la comunidad católica en Oriente Medio, ha exhortado a no olvidar nunca “la gran dignidad que deriva de su herencia cristiana, y que no venga a menos el sentido de amorosa solidaridad hacia todos los hermanos y hermanas de la Iglesia en todo el mundo”.
Dirigiéndose a las mujeres, Benedicto XVI ha recordado que este año está dedicado a la familia, subrayando la dignidad de las madres cristianas. “Desafortunadamente –ha dicho el Papa- esta dignidad y misión donadas por Dios a las mujeres, no siempre han sido suficientemente comprendidas y estimadas. La Iglesia, y la sociedad en su conjunto, han llegado a darse cuenta de con cuánta urgencia tenemos necesidad de aquello que mi predecesor el Papa Juan Pablo II llamaba ‘el carisma profético’ de las mujeres (cf. Mulieris dignitatem, 29) como portadoras de amor, maestras de misericordia y constructoras de paz, comunicadoras de calor y humanidad a un mundo que con frecuencia juzga el valor de la persona con fríos criterios de explotación y provecho”.
Benedicto XVI ha apreciado el testimonio público de respeto por las mujeres y con su defensa de la connatural dignidad de cada persona humana, “la Iglesia en Tierra Santa puede dar una importante contribución al desarrollo de una cultura de verdadera humanidad y a la construcción de una civilización del amor”.
Sobre este Año de la Familia, el Papa ha expresado su deseo de que todas las familias cristianas “pueda crecer en la fidelidad a esta noble vocación de ser una verdadera escuela de oración, donde los niños aprendan el sincero amor de Dios, donde maduren en la autodisciplina y en la atención a las necesidades de los demás, y donde, modelados por la sabiduría que proviene de la fe, contribuyan a construir una sociedad cada vez más justa y fraterna”. Y recordando que las familias cristianas de estas tierras son una gran herencia recibida de las precedentes generaciones, el Pontífice las ha exhortado a que puedan “ser fieles a esta gran herencia y que nunca falte el sustento material y moral de quienes tienen necesidad de cumplir su insustituible papel en el servicio de la sociedad”.
El Santo Padre ha recordado asimismo que hoy en Jordania se celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, y ha invitado a los muchos jóvenes presentes “a considerar cómo el Señor les está llamando a seguirlo para edificar su Iglesia. Sea en el ministerio sacerdotal o en la vida consagrada, sea en el sacramento del matrimonio, Jesús tiene necesidad de vosotros para hacer escuchar su voz y para trabajar por el crecimiento de su Reino”.
Benedicto XVI ha finalizado su homilía, invitando a tener confianza en Jesús, en su amor duradero. “Qué San Juan Bautista, patrono de Jordania, y María, Virgen y Madre, les sostengan con su ejemplo y su oración –ha concluido Benedicto XVI- y os conduzca a la plenitud de la alegría en los eternos pastos, donde experimentaremos para siempre la presencia del Buen Pastor y conoceremos para siempre la profundidad de su amor. Amén”.
|