La clarividente intuición de Pablo VI instituyendo el
8 de diciembre de 1967 la Jornada Mundial de la Paz, se ha consolidado como una
experiencia fecunda de proyección internacional. Benedicto XVI, sabio pastor y
agudo observador del escenario mundial, utiliza este año una perspectiva
educativa en su Mensaje para la XLV Jornada Mundial de la Paz, el 1 de enero
del 2012, cuyo lema es: “Educar a los jóvenes en la justicia y en la paz”.
Las
fiestas de Navidad nos hablan de vida, de fecundidad, de algo nuevo que nace.
La Navidad es la fiesta de la vida. “Quien tiene al Hijo [Jesucristo] tiene la
vida, quien no tiene al Hijo no tiene la vida” (1Jn 5,12). La Navidad es fiesta
de exuberancia de vida. Esa vida ha brotado en el seno de una Virgen, donde la
virginidad no es una tara ni una merma, sino abundancia pletórica de vida,
reflejo de la vida sobreabundante del Padre, que engendra virginalmente a su
Hijo en la eternidad y lo ha engendrado como hombre de María Virgen en el
tiempo.
El obispo de Sigüenza-Guadalajara, monseñor
AtilanoRodríguez Martínez, ha invitado a los sacerdotes de la diócesis de
Sigüenza-Guadalajara a entregar la paga extraordinaria de Navidad a favor de
los necesitados.
Al
transmitir su felicitación a los más de ciento treinta sacerdotes reunidos en
una celebración navideña y fraterna, don Atilano les ha animado a “ser buena
noticia” para los demás donando la totalidad y parte de la paga extra, a través
de Cáritas o de otra organización, a favor de quienes sufren más la crisis
económica. A pesar de “ser mileuristas”, este ejemplo luciría como buen ejemplo.
Navidad es fiesta de familia. El Hijo de
Dios nació y vivió en el seno de la Sagrada Familia de Nazaret. En el clima de la
Navidad celebramos este añoel día 30 de
diciembre la fiesta de la Sagrada
Familia. Nuestra Delegación Diocesana de Familia
y Vida ha programado la celebración de una Eucaristía, en la Catedral de
Santander, a las 7 de la tarde de ese día. Será presidida por el Obispo de la
Diócesis y a ella están invitadas las familias y, de modo especial, los
movimientos dedicados a la pastoral del matrimonio y la familia.
«La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn
1, 14)
Muy queridos
fieles diocesanos: “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”(Jn 1, 14)
Este es el sublime misterio de la Navidad. Es la fiesta del diálogo de Dios con
el hombre: Dios, que tanto nos ama, nos entrega en su Hijo, todos los secretos
de su corazón de Padre. Nosotros recibimos esa Palabra, la sembramos en nuestra
vida y la damos a conocer. Ella nos va transformando a imagen suya y esta
Palabra se transmite de generación en generación.
En
vísperas de la fiesta cristiana de la Navidad, envío mi felicitación cordial a
todos los alaveses y vitorianos, a los habitantes de Orduña y sus pueblos, así
como a los del Condado de Treviño
Pido
para todos ellos abundantes bendiciones de Dios, por medio del Niño-Dios que
nace en Belén.
Queridos
hermanos y hermanas: Escribo esta carta semanal en las vísperas de Navidad, que
yo deseo muy felices a todos los cristianos de la Archidiócesis
Todo indica que
también este año serán muchos los interesados en vaciar de contenido religioso
estos días santos, convirtiéndolos en las vacaciones blancas, en la celebración
del solsticio de invierno y, en todo caso, en las fiestas del consumismo y el
derroche.
Con estas dos palabras, queridos amigos, nos
saludamos cuando nos cruzamos por la calle, o cuando escribimos un email, un
SMS, o una tarjeta de felicitación. Nos saludamos mandándonos un mensaje de
Navidad, porque queremos expresar nuestro deseo de que en estos días, de un
modo especial, seamos felices
Sabemos
que no es fácil, y especialmente para algunas o muchas personas, pero no
queremos dejar de expresar ese deseo.
Monseñor Atilano Rodríguez Martínez, obispo de
Sigüenza-Guadalajara, escribe ante la Fiesta de la Sagrada Familia (30 de diciembre
de 2011) en el contexto de la Navidad
El día 30 de diciembre, fiesta de la Sagrada
Familia, la Iglesia celebra la Jornada de la Familia y de la Vida. A partir de
la contemplación de los valores y virtudes de la familia de Nazaret se nos
invita a descubrir lo que tendría que ser una auténtica familia humana. La
Iglesia ha valorado siempre la institución familiar, no sólo porque responde al
plan creador de Dios inscrito en la naturaleza humana, sino porque es la célula
básica de la sociedad y el santuario de la vida. Por eso, cuando los poderes
públicos y la sociedad en general no prestan la protección necesaria a la vida
familiar, se está provocando un daño irreparable a las personas, a la sociedad
y, por supuesto, a la Iglesia.